domingo, 21 de abril de 2013
IÑIGO ALDAI Y EL JUICIO DE DIOS, LIBRO III, por Alfonso Martínez
CAPITULO XII (22.04.2013)
-Si es como ese cómico te ha dicho, y si ya no están en esta Villa, no deberían estar a más de una legua de aquí, aunque…hay algo que no encaja en el comportamiento que yo le supongo a ese miserable y que me hace pensar que quizás, sabiendo o pensando que le seguimos, sea una estratagema para que vayamos en una dirección equivocada, por lo que …
- ¿Qué queréis decir, Capitán? – preguntó Lucas - ¿Acaso pensáis que el cómico nos ha mentido?
- No, no es eso; creo que te ha dicho la verdad; pero ¿y sí ese maldito, sabiendo que le estamos persiguiendo, no olvidemos que su salida de Urueña, fue muy precipitada, ha querido dejar una pista clara para que la siguiéramos, como la de ir a Santiago, mientras que él lo hacía en otra dirección? Es un hombre demasiado astuto como para dejar una pista tan clara y que, al mismo tiempo, sea cierta… a menos que…
El Capitán se quedó repentinamente callado.
- ¿Qué, Capitán?- le preguntó Lucas inquieto.
- A menos que, sabiendo que nos saca una buena ventaja, quizás de un día, quiera hacernos creer que va a Santiago para que le sigamos ciegamente hasta allí y va dejando pruebas de que así es, pero, en el momento y lugar que le convenga, abandonará el camino en cualquier dirección y, probablemente, la más le convenga, sea hacia el vecino Reino de Portugal y si así fuera - el Capitán más que hablar con Lucas pensaba en voz alta – por lo que conozco de la frontera norte de Portugal con el Reino de León, el lugar más cercano para poder cruzar es la comarca de Senabrie, a unas veintidós leguas desde aquí, por lo que teniendo en cuenta que, si tal como dijo el cómico, lleva las riendas de los dos caballos, no podrá ir al galope, así que para cubrir esa distancia necesitará, al menos, una jornada. Ayer al mediodía aún no había llegado, aunque estaba cerca, a esta Villa. Si ha pernoctado aquí, esta noche podría estar en Senabrie y si no, esta tarde. Si salimos ahora hacia allí y cabalgamos lo más rápido que podamos siguiendo el curso de Tera podemos recorrer esa distancia en unas ocho horas y llegar a esa población poco después del mediodía, así que…
- Eso, Capitán, si no les alcanzamos antes por el camino – le interrumpió Lucas con la confianza que le daba el hecho de que el Capitán le trasladara su análisis.
- Lo que no es improbable, razón por la que hemos de estar muy alertas cada vez que alcancemos a grupos de peregrinos a caballo, pues si él fuera el primero en vernos, la perversidad de su corazón podría llevarle a cometer alguna acción que pusiera el grave peligro a mi esposa.
- Mi Señor ¿Y sí también nosotros nos cubriéramos con la capa del peregrino? Podríamos cabalgar con mayor seguridad sin temor a ser reconocidos desde la distancia- sugirió Lucas.
Era una buena idea, reconoció el Capitán mirando con simpatía Lucas. Aquel muchacho era listo, muy listo tal como le pareció cuando le conoció en el molino del río Pirón. Había sido un acierto su elección y no era ésta la primera vez que quedaba patente.
- Es una excelente idea, Lucas. Toma estas monedas y compra las ropas que necesitamos y también algo de cecina, queso y vino, pues no nos avituallaremos por el camino. Date prisa- le urgió.
Poco más tarde regresó Lucas con dos toscas capas provistas de cogulla, de color terroso y con aspecto de haber sido utilizadas con anterioridad. También traía un saco con las viandas compradas y un cuerote de oveja conteniendo un azumbre de vino.
Descendieron desde la plaza del Azogue al llano por una senda al sur de la fortaleza y tomaron el camino hacia Santa Cristina de la Polvararia desde donde, tras vadear el Órbigo, se dirigirían en dirección oeste hasta la población de Micereces, siguiendo desde allí el curso aguas arriba del Tera, ya que este río bañaba la Urbs Senabrie, su destino y era, además, parte del camino de Santiago conocido como sanabrés o gallego del sur, utilizado por los peregrinos que, en dirección a Santiago, dejaban la vía de la Plata en Moreruela y por aquellos otros que peregrinaban desde las tierras al este y con ellos, el miserable que había raptado a su esposa - pensaba Iñigo Aldai.
El miserable en quien pensaba Iñigo Aldai estaba no muy lejos de allí. Dormía profundamente sobre el catre de paja nueva en la posada de Santa Cristina, por los efectos de la infusión de bayas y raíces de belladona que le había preparado el huesero tras entablillarle su pierna rota aquella noche - para que podáis dormir – le había dicho – pues reposo es lo que necesitáis durante unos días para que baje la hinchazón.
El capitán Aldai y su escudero Lucas cabalgaron sin descanso y cuando el sol aún no se había ocultado tras la sierra de La Cabrera, la torre que erigida sobre un cerro rocoso parecía velar la población que se levantaba a sus pies, le hizo suponer que llegaban a Senabrie.
Esta era un población con una notable importancia militar dada su proximidad a la frontera con Portugal, por lo que la función de aquella torre era exclusivamente militar – al Capitán le recordó la de Iscar - austera por tanto en sus formas y plantada sobre un lugar dominante.
Detuvieron los caballos y desde un altozano antes de vadear el río para entrar en la Puebla, observaron aquella población en la que esperaban encontrar al ex Regidor, o que llegara, puesto que no dieron con él a lo largo del camino.
- ¿Es cierto lo que cuentan sobre un lago que debe de haber por aquí cerca, Capitán? – preguntó Lucas.
- Hay, efectivamente, un gran lago en esta comarca, pero no sé que es lo que cuentan sobre él – respondió distraído el Capitán, más atento a la observación de aquella población de unas tres docenas de casas que al interés de Lucas.
- Un día, un soldado de Cuéllar, me habló sobre la existencia de ese lago, aunque él nunca lo había visto, pero un pariente de su mujer que había peregrinado a Santiago, le contó una historia que – y que Dios me perdone mi incredulidad si es cierta – él decía que era tan cierta como que la tierra firme se acababa donde se ocultaba el sol.
- ¿Y qué historia es esa que tú no crees?
- Pues que dicen que hace muchos tiempo, un día pasó por estas tierras Nuestro Señor Jesucristo disfrazado de mendigo y que ninguno de los habitantes le socorrió, excepto unas mujeres que estaban haciendo pan y que echaron a la tahona un puñado de masa más para Él y que ese pan empezó a crecer de tal forma que fue imposible sacarlo del horno y que para premiar la generosidad de aquellas mujeres, además del milagro de aquel pan, hizo brotar el lago.
- Es una historia extraordinaria, Lucas, pero no puedo decirte si es cierta o no, pues no lo sé, aunque sí creo que lo que hay de cierto en ella es que muestra que socorrer al necesitado es una obra de misericordia siempre grata al los ojos de Dios. Y ahora, dejemos las historias y leyendas para mejor momento y ocupémonos de los que nos es más inmediato. Tú vas a ir a la población, que no es muy grande, y en la que habrá algún mesón o posada donde, con discreción, procurarás saber quien se hospeda que pudiera parecerte que son el malandrín ex Regidor y mi esposa y si así fuere, regresas de inmediato aquí para informarme. Yo permaneceré en este lugar, desde el que se controla el acceso a la población, por si aun no hubieren llegado. Ahora parte y haz como mejor sepas, pues confío en ti.
Esa última frase hizo que se le erizara el escaso vello de sus brazos. Que el Capitán, su Señor, hiciera esa manifestación de confianza en él, era algo que le enorgullecía. Tanto sus padres, como Ana, la reina de su corazón que había quedado en Cuéllar, se sentirían orgullosos de él.
Haber recorrido aquellas veintidós leguas en tan poco tiempo, había sido un esfuerzo excesivo para los caballos, necesitados de un prolongado descanso para recuperarse, por lo que Lucas le dijo al Capitán que iría a la población a pie, cruzando por el puente que se veía desde aquel altozano donde se encontraban y en el que no se veía soldado alguno o funcionario que controlara el paso o, lo que era peor, exigiera peaje, así que entró en la puebla que, según aquella historia que le habían contado, había sido visitada por Jesucristo, sin ninguna dificultad, encontrándose en una pequeña plaza de la que partían tres calles, una de las cuales, la de su diestra, conducía, sin duda, a aquella imponente torre circular que veía no muy lejos. Su intuición y experiencia le aconsejaron tomar la calle más ancha, pues si había alguna posada o mesón, sin duda que se encontraría en la calle donde más tránsito hubiera.
No se equivocaba Lucas que, adentrándose por aquella calle, no tardó en encontrar lo que la venera colgada de la fachada le indicaba que era una posada para peregrinos.
El hedor a punto estuvo de obligarle a salir. Se sobrepuso con notable esfuerzo y se mantuvo firme una vez traspasado el portón de acceso a aquel establecimiento, que en modo alguno respondía a lo que él entendía por una posada. A su izquierda había algo que parecía una artesa tras la que un hombre, sentado sobre un escabel, dormitaba. En frente había seis camastros, todos ocupados. Adosada a la pared de la derecha, una escalera conducía a una planta superior, seguramente reservada para clientes con bolsa. Si el ex Regidor estaba allí alojado con la Señora, sería en aquella planta y no en otro lugar.
El posadero abrió los ojos desganado y sin esperar a ser preguntado, anunció que todo estaba ocupado y que no había lugar ni para dormir ni para cenar.
- No busco alojamiento ni saciar mi hambre, que no es poca, posadero; sólo quiero que me digas si mi tío y su sobrina, que peregrinan para honrar al Apóstol, se alojan aquí, pues nos separamos hace dos días, tomando ellos el camino sanabrés mientras que yo, por disposición de mi tío, lo hice por Astorga y debíamos reunirnos aquí hoy – dijo Lucas mientras ponía un cobre sobre la artesa – gesto que pareció rescatar de su sueño al somnoliento posadero. Ganar un sueldo sin dar a cambio otra cosa que información, era un buen negocio.
- ¿Y quien es tu tío, muchacho? ¿Qué aspecto tiene? – preguntó - pues aquí no dan nombres, si no lo desean, quienes se alojan.
- Viaja con su sobrina, mi prima y es de mediana edad, alto, delgado y luce barba. Viajan a caballo y visten hábitos de peregrino.
- Si es como dices – contestó mientras se guardaba la moneda- no se encuentran aquí, pues sólo uno de estos que ves, más los de arriba viajan con montura y es una mula que está en el patio. Quizás estén para llegar y…
- ¿Estás seguro de que no están aquí?- insistió Lucas.
- Ni aunque el Rey me lo preguntara podría darle otra respuesta, pero no desesperes, que ya aparecerán si es que habéis quedado en reuniros aquí. Ten paciencia y no olvides que no hay sábado sin sol, ni doncella sin amor, ni moneda que no pase, ni puta que no se case. Ya aparecerán, si tienen que aparecer.
- Puede que estén en alguna otra posada de este lugar – dijo Lucas en un último intento para no perder la esperanza.
- Muchacho, esta es la única posada de esta aldea que, por fortuna, al Apóstol se le ocurrió que levantaran en su camino, ya que si no fuera por los que peregrinan, la miseria ya habría acabado con los pocos que aquí vivimos.
Lucas, descorazonado, regresó al altozano donde le esperaba el Capitán.
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