IÑIGO ALDAI Y EL JUICIO DE DIOS, LIBRO III, por Alfonso Martínez
CAPITULO XIX (29.04.2013)
Siguendo las indicaciones de Silvestre, el Capitán y Lucas, cabalgando sin descanso, no tardaron en llegar a la población de Destriana. El terreno era suavemente ondulado, con escasa vegetación a excepción de la propia de las riberas de los ríos, que posibilitaba mantener un trote ligero que, al atardecer, les llevó a las puertas del recinto amurallado que antaño había sido capital del Conventus Asturicum, Asturica Augusta, hasta que el emperador Diocleciano la privó de tal capitalidad
Astorga era una ciudad de obligado paso para quienes peregrinando a Santiago optaran por el camino franco-navarro. Situada sobre un cerro y circundada por el río Jerga, dominaba el valle del Tuerto. Su condición de diócesis había favorecido la fundación de iglesias tanto intra como extramuros, el hospital de San Juan Bautista para asistencia a los peregrinos, así como la catedral de Santa María, levantada sobre los cimientos de otra anterior.
Iñigo Aldai y Lucas subieron la empinada ladera sur del cerro y entraron en la ciudad, en cuya parte más alta se levantaba la catedral. La plaza entre la catedral y la iglesia de Santa Marta estaba muy concurrida y aunque atardecía, las antorchas y candiles en las puertas de algunas posadas y albergues cercanos, permitían contemplar sin dificultad el transitar de aquellas gentes, entre la que destacaban los peregrinos, fácilmente identificable por su hábito y sin que faltaran rateros dispuestos a aliviarles la bolsa, mendigos o putas que entre risas y requiebros ofrecían sus servicios.
Lucas, cumpliendo lo dispuesto por el Capitán, pronto pudo saber que los peregrinos que pasaban por Puente de Órbigo entraban en Astorga por el camino del oeste una vez que dejaban atrás San Justo de la Vega, así que, con la esperanza de que ese camino fuera el tomado por el ex Regidor y Marta, se apostaron cerca de la entrada, desde donde gracias a la luz que proyectaban las antorchas situadas a ambos lados de la puerta amurallada, podrían ver a todo aquel que la cruzara.
El flujo de peregrinos fue disminuyendo a medida que la oscuridad se iba adueñando del firmamento que, ausente la Luna, lucía en todo su esplendor y al que la Vía Láctea parecía dividir en dos mitades. A media noche ya no había gente por las calles y el silencio reinaba en la ciudad, roto ocasionalmente por el ladrido de algún perro. No obstante, el Capitán y Lucas, turnándose, estuvieron en vela, pues las puertas de la muralla no se cerraban – no sólo quedaban lejos los tiempos en los que Al-Mansur Billah, más conocido como Almanzor, había arrasado la ciudad, sino que quedaba muy al interior del Reino de León como para temer una incursión castellana o portuguesa si fuera el caso – facilitando así la llegada de los peregrinos, y con ellos la pujanza mercantil de la diócesis de la que era obispo Pedro Andrés.
El Capitán sabía que el raptor de su esposa era tan astuto como malvado, por lo que no descartaba que se aprovechara de la noche para entrar en la ciudad y así pasar desapercibido. Pero una vez más, el amanecer fue testigo de su decepción, al tiempo que también lo era del despertar de la ciudad, cuya puerta de salida hacia la templaria Ponte Ferrata, no tardó en verse llena de peregrinos que continuaban su camino a Compostela.
A media mañana su espera seguía siendo infructuosa.
El Capitán dijo a Lucas que ensillara los caballos, pues no tenía sentido seguir esperando allí, ya que si las estimaciones de maese Silverio no eran erróneas, su esposa y el ex Regidor tendrían que estar en el camino de Puente de Órbigo a Astorga, o bien no iban a Compostela, como le habían dicho al maese de cómicos y, en este último caso, encontrarlos sería una labor extremadamente difícil, aunque no por ello perdería la esperanza de encontrar y rescatar a su esposa.
- Recorreremos el camino hasta Puente de Órbigo y si no los encontramos, seguiremos hasta La Bañeza y de allí a Malgrat nuevamente.
- Creo Señor, que maese Silverio dijo la verdad, pues agradecido os quedó por salvarle la vida y sus bienes, así que yo también creo que pudieran estar en este camino ya que no lo estaban en el que recorrimos hasta Senabrie. Es más Capitán, algo me dice, y no sé qué es, que están muy cerca.
- Esa misma sensación tengo yo Lucas, así que partamos pues sin más demora hacia Puente de Órbigo y que Dios Nuestro Señor nos ayude en nuestra búsqueda.
Montaron y salieron al trote dispuestos a recorrer las tres leguas de distancia que hasta allí había, lo antes posible.

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