sábado, 16 de marzo de 2013
IÑIGO ALDAI Y LA VENGANZA DEL REGIDOR, LIBRO II, por Alfonso Martínez.
CAPITULOS XLII(17.03.2013)
Don Diego López de Haro, el Abanderado del rey Alfonso VIII de castilla, el Noble, estaba reunido con Don Alvaro Núñez de Lara, Alférez de Castilla y con el capitán Crisanto Martín. Estaban analizando los hechos que el Regidor de Cuéllar, Pablo Isasi, les relataba en el documento que hacía una hora, había traído un faraute desde Cuéllar.
El asombro inicial fue sustituido por una mayor preocupación a medida que iban analizando lo ocurrido. Tenían que informar al Rey, pues el hecho afectaba a una villa de realengo y porque la Villa era una plaza clave para la seguridad del reino por el noroeste. Pero no podían ir al Rey solamente para narrarle los hechos. Eran sus asesores y debían no solamente informarle, sino trasladarle las conclusiones que extrajeran como consecuencia del análisis de los hechos. Tenían que tener respuestas a preguntas como quién, por qué, para qué,… ya que las decisiones que se tomaran tendrían que tenerlas en cuenta. Crisanto Martín era más hombre de armas que analista, por lo que permanecía callado.
- Vos ¿qué opináis, Don Diego?- preguntó el Alférez Real - ¿quién creéis que pueda ser el autor de tan horrible acto?.
- Creo, Don Alvaro – contestó el Abanderado del Rey – que la información que disponemos es insuficiente para poder dar respuesta a esa pregunta, pero hemos de considerar todas las hipótesis, por descabelladas que parezcan y trasladar a Su Majestad aquella que tenga las mayores probabilidades de ser la cierta, si os parece.
- Estoy de acuerdo – accedió Don Alvaro Núñez de Lara – continuad, os lo ruego.
- Analicemos en primer lugar las circunstancias en la que se producen los hechos. La fecha es la del día 23 cuando se inician los juegos de toros en la Villa, es decir, cuando llega mucha gente procedente de otras localidades por lo que nadie se fija en nadie y los forasteros se confunden con los cuellaranos. Y, durante los días de juegos, la tropa del castillo es mínima, pues, tal como dice el informe enviado por el Regidor, los pocos soldados que había en la ciudadela, por acuerdo del Consejo de la Comunidad, estaban protegiendo algunos templos. Hasta aquí todo parece dentro de la normalidad, pero… ¿por qué había tan escasa tropa en el castillo?
- Porque el alcaide, vuestro capitán Aldai, estaba con el grueso de la tropa- le interrumpió el Alférez Real – protegiendo la frontera del reino en valle del Hornija, ya que así se lo comunicasteis por orden del Rey.
- Así es, Don Alvaro, por lo que no es descabellado pensar que debe de haber una relación entre lo ocurrido y esa circunstancia. Ahora bien,- continuó Don Diego - no sabemos quien o quienes son los autores, pero o son castellanos o leoneses, porque pensar que pudieran venir de Aragón o Navarra no tendría sentido ya que, según parece, cuando huyeron de Cuéllar se dirigieron al oeste.
- Decís bien Don Alvaro- intervino Núñez de Lara – y conocer ese dato bien nos podría dar pistas sobre el motivo del asalto al castillo y el rapto de la esposa del alcaide.
- Cierto, pues si concluyéramos que son castellanos, una de las posibilidades que habría que considerar sería la de que se tratara de un secuestro perpetrado por forajidos buscando dinero. Claro que también podría ser si se tratara de leoneses, aunque la probabilidad es más reducida tanto por la distancia hasta la Villa como por el conocimiento necesario sobre la ausencia de soldados en esas fechas. Yo descartaría la posibilidad de que hayan sido forajidos leoneses. ¿Vos que opináis?- preguntó Don Diego.
- Que hemos de pensar en otro móvil distinto al secuestro ya que, como decís, la información sobre la ausencia de los soldados solo podía ser conocida dentro de la ciudadela y con muy poca antelación por la tropa. Un grupo de secuestradores necesitaría esa información con mucha antelación, lo que nos lleva a pensar en un móvil de índole personal o política.
- Así es, Don Alvaro, pero ¿quien podría tener motivos personales para raptar a la esposa del alcaide?- se preguntó a si mismo - ¿Y si el rapto de Doña Marta de La Fuente fuera el medio para castigar a su esposo por algún agravio recibido?
- Es algo que hay que tener en cuenta, pero el capitán Aldai, vos mismo lo habéis dicho en varias ocasiones, es un hombre justo. ¿A quién podría haber agraviado y hasta qué punto como para una venganza tan ruin y cobarde?- la pregunta de Don Alvaro no iba dirigida a nadie en concreto.
- ¿Recordáis que el anterior regidor de Cuéllar, acusado de traición y desterrado por Rey hace ya medio año, juró vengarse del capitán Aldai?
- ¿Pensáis que quizás el …?.No, no creo que sea posible, pues fue desterrado del reino- dijo el Alférez.
- No estéis tan seguro Don Alvaro, pues fue conducido a la frontera con León y eso encajaría con que los raptores fueran leoneses, aunque no el hecho de conocer en que situación de fuerzas se hallaba la ciudadela.
- Podemos pensar entonces, que probablemente, el móvil sea la venganza, el responsable el exregidor de Cuéllar, y que los raptores procedían de León. ¿Qué opináis vos, capitán Martín?
- Tiene mucho sentido lo que decís, Señor- contestó.
- Ahora necesitaríamos saber como el exregidor, siempre suponiendo que sea como pensamos, - pudo saber que no iba a haber tropas en la ciudadela. ¿Se os ocurre alguna idea, Don Diego?
- No, como no sea relacionando este lamentable suceso con el contenido de aquel documento capturado al mensajero de Urueña para el Señor de Carrión, en el que se le informaba de un próximo ataque a plazas castellanas y que, como habéis comentado hace unos instantes, provocó que Don Alfonso ordenara enviar las tropas de Cuéllar e Iscar a la frontera con Urueña, para prevenir ese posible ataque.
- Pero eso no explica que aquel regidor ¿cómo se llamaba?
- Leopoldo López, Señor – contestó el capitán asturiano Crisanto Martín.
- Ah, sí, Leopoldo López. Pues como os decía, Don Diego, eso no explica cómo ese hombre pudo saber que no habría tropas en Cuéllar?
- Cierto, pero de alguna forma obtuvo esa información – dijo pensativo. De pronto, como si hubiera encontrado la respuesta, se volvió hacia Crisanto Martín.
- Decidme Capitán, ¿hemos tenido información de algún incidente con tropas leonesas en aquella parte de la frontera o se han detectado movimientos que hagan pensar en un ataque a nuestras plazas?
- No, Señor. Los informes llegados de la frontera se refieren a un grupo de unos 50 soldados acampados al otro lado del Hornija, pero sin que se hayan detectado movimientos hostiles, ni en esa zona ni en ninguna otra parte de la frontera.
- ¿Consideráis dentro de lo posible, aunque en principio pueda parecer descabellado, que lo del mensaje de Urueña a Carrión con la amenaza de un ataque leones pudiera ser una estratagema de Leopoldo López para obligarnos a sacar las tropas de Cuéllar?- preguntó Don Diego.
- Creo, amigo mío, que esa puede ser explicación de por qué ese mensajero fue interceptado en territorio castellano cuando para ir de Urueña a Carrión no era necesario. Creo, Don Diego, que ese mensajero recibió instrucciones para hacerlo así y que para justificarlo, en caso de ser detenido, como así se esperaba, llevaba aquel mensaje al Alcaide de Villalba de Alcor.
- Tenemos a las tropas de Cuéllar en la frontera y al otro lado del Hornija a las de Urueña sin motivo aparente para ello, a menos que el Señor de Urueña fuera. también objeto de engaño por Leopoldo López, pero ¿cómo pudo establecerse una relación entre Leopoldo López y el Señor de Urueña? ¿Qué le contaría para que decidiera desplazara tropas a la frontera?
- Si nosotros desplazamos tropas a la frontera por el temor a un ataque leonés, el Señor de Urueña podría haber tomado la misma decisión si temía un ataque castellano – intervino Crisanto Martín – y ese temor…
- Eso es – le cortó Don Diego–Si Leopoldo López sabía que reaccionaríamos al contenido del mensaje enviando tropas a la frontera, solo tuvo que decirle al de Urueña que tenía información sobre un inminente ataque de Castilla y po0r si lo dudaba, que enviara a un observador a comprobar si efectivamente había tropas castellanas en el Hornija y, comprobado este hecho, el Señor de Urueña actuó en consecuencia.
- Pero Don Diego, ese desplazamiento de tropas solo se podría producir con la autorización de su rey, lo que nos lleva a pensar que Alfonso IX también esperaba un ataque nuestro y me resulta difícil de creer que Leopoldo López tuviera acceso a él.
- No sería necesario, amigo mío, pues bastaría que el Señor de Urueña, antes de desplazar la tropas, informara al Alférez de León sobre la presencia de nuestros soldados para que éste, a su vez, lo pusiera en conocimiento de su rey, de la misma forma que vos lo hicisteis al conocer el contenido el mensaje interceptado.
- Tenéis razón, lo que nos permite concluir, en caso de que nuestras premisas sean ciertas, que Leopoldo López ha urdido un engaño que ha afectado por igual a las dos cortes y con el exclusivo fin de vengarse del Capitán Aldai y sin importarle, por lo que parece, que pudiera estallar un nuevo enfrentamiento armado entre los dos reinos. Esto es muy grave Don Diego y creo que debemos informar cuanto antes a Su Majestad. ¿Os parece bien?
- Coincido con vos, Don Alvaro en cuanto a la gravedad, pero no olvidéis que nuestras conclusiones se basan en suposiciones y carecemos de pruebas bastante para darlas por ciertas, por lo que quizás debiéramos informar a Su Majestad solamente sobre los hechos probados y realizar una investigación que nos permita comprobar su nuestro análisis y si las conclusiones son correctas.
- Estoy de acuerdo con vos. Y cuando el Rey nos pregunte, como así lo espero, sobre la autoría del rapto de la esposa del alcaide Aldai, le informaremos que hemos iniciado una investigación tendente a encontrar la respuesta a esa pregunta así como el objetivo buscado por los autores. – y dirigiéndose al Capitán - y vos, capitán Martin, ¿qué opináis?
- Creo, Señor, que quien urdió tal plan debe ser un hombre muy peligroso, por lo que cuanto antes tomemos medidas para desmontarlo, mejor será.
- Bien, entonces, Don Diego, ¿por dónde consideráis que debemos empezar la investigación?
- Sugiero, Don Alvaro, que enviemos un hombre a Urueña para averiguar si el regidor tuvo relación con el Señor de la Villa, ya que de haber sido así, tendríamos una buena base para continuar nuestras averiguaciones en el sentido de nuestro análisis.
- ¿En quién pensáis, Don Diego?- preguntó el Alférez
- Teniendo en cuenta la urgencia para poder acabar con esta situación de riesgos para la paz entre los dos reinos y la de recuperar a Doña Marta De La Fuente, creo que nuestro hombre en Urueña puede ser el regidor de Cuéllar, Pablo Isasi. Esta a menos de dos jornadas de Urueña, es un hombre hábil y que se desenvuelve muy bien entre las intrigas y conspiraciones y, al llevar poco tiempo en Cuéllar, no es conocido fuera de la Villa. Creo, Don Alvaro, que es nuestro hombre, si a vos os parece bien, pues como Regidor real, depende directamente del Rey y no de la ciudadela.
- Vos parece que lo conocéis muy bien, pues además fue vuestra propuesta al Rey cuando os consultó, así que si consideráis que es el hombre adecuado, yo estoy de acuerdo. Mandaré redactar las instrucciones necesarias y el mandamiento para que se desplace a Urueña, y ahora, mi estimado amigo, vayamos a darle la mala noticia al Rey.
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